Leo es sin duda un niño afortunado, así lo describe él mismo en voz de Alejandro Martos
cuando agradece a sus padres haberle dado la vida, y con ello la oportunidad de ser feliz.

Por diferentes motivos, todas mis obras son especiales para mi. Ésta en concreto, me ha
sensibilizado bastante, quizás por la cercanìa que tengo con sus padres, Noemí y Joaquín. Ella, una
mujer de enorme integridad y valores, capaz de estar siempre cuando se la necesita. Y Joaquín, hombre de mirada
enamoradiza, valiente y dispuesto a dar su vida por los demás. No en vano ha hecho de ello su profesión.

Aquí os dejo esta obra editada con todo el cariño que merecen los protagonistas. Padres a pesar del miedo que pueda producir un cambio tan importante en sus vidas: traer al mundo a un bebé y disfrutar de la experiencia que supone verle crecer.

Siempre recordaré
cuando Noemí nos dijo; – «Mirar el regalo que me ha hecho Joaquín por mi cumpleaños».

A Leo, le adelanto que el camino de la vida, aunque hermoso, no va a ser fácil. Él mismo
se pregunta; ¿cómo será el mundo en el que viviré? Le animo también a que esté
preparado para equivocarse, cuantas más veces, mejor.
Que sea consciente de que en ocasiones sentirá el dolor de la caida, de las cuales deberá levantarse sin màs y sanar sus heridas. Pero que se sienta a la vez dichoso, ya que es la única manera de conseguir aprender y llegar al final del camino habiéndolo disfrutado. Tiene la suerte de tener como referentes a esos Padres que, con amor, como describe el propio Leo al principio de la Obra, le proporcionarán las herramientas para salir airoso ante las adversidades de la vida.

Gracias a Noemí, Joaquín y Leo por vuestra confianza y amistad. Siempre viviréis en mi corazòn.

Gabriel Moya.